¿Hacemos Hygge?

Hygge

Este año he tenido la suerte de pasar un gran verano. He disfrutado mucho de los míos, hemos hecho planes sencillos, tenido largas conversaciones. Ha sido un verano de esos con momentos que te llenan. ¡Vamos! que he venido «con las pilas cargadas» y pienso… ya se encargará la vuelta a la rutina de descargarlas.

Pues efectivamente, en estos días ya empieza esa descarga. Leo en medios sobre el estrés post vacacional en adultos, el estrés infantil en la vuelta al cole, escucho comentarios de los de «parece que no pasó el tiempo, volvemos y vuelven los problemas»… Parece que se acabó la felicidad.

Y casualmente, leyendo en el periódico una noticia sobre la felicidad, descubro que la ONU señala a Dinamarca, Noruega, Islandia, Suiza y Finlandia como los cinco países más felices del mundo y me sorprendo porque tenía la idea de que los nórdicos eran una sociedad oscura, con mucho civismo pero con mucha soledad, muchos suicidios… E indagando un poco en el tema me encuentro con la clave del misterio, la filosofía Hygge, de la que nunca había oído hablar.

Quedaos con ello, Hygge (se pronuncia algo así como «juga»). Es una palabra de difícil  traducción, sería algo así como «lo acogedor», «lo que es bueno para el alma». El Hygge nace para combatir esos largos inviernos escandinavos que hacen que la vida se haga sobre todo en casa. Y es en casa donde todo se vuelve Hygge. La decoración, los planes, la vida en familia, los hobbies… todo.

Dicen que es sencillo practicarla, que no es más que disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, dejar los problemas fuera y relajarse. Un momento de relax junto a la chimenea con una taza de té, disfrutar de un buen libro con suave música de fondo, merendar galletas de canela y vino caliente en familia, ver una peli con una manta, un buen vino y queso… tiene que ver con no castigarte y no castigar a los demás con tu falta de positividad, de mal humor, de sarcasmo. En definitiva, es hacerte la vida agradable para ser agradable a los demás.

Se trata de una preciosa filosofía para llenar el alma, para descubrir (como en el libro que me leí este verano y que me dará para otro post;) «El poder oculto de la amabilidad».

Mira tú los nórdicos, la imagen que yo tenía de ellos no puede ser más lejana… Y la razón ya la conocéis, practican el Hygge.

Y digo yo ¿Por qué nosotros, con todo el sol del mundo, las cañitas, los puentes, la siesta, el jamón de jabugo y la risa no salimos entre los primeros del ranking?

Pues porque no practicamos Hygge. Hay que empezar por cada casa, por cada familia. Empezar a hacer cosas buenas, agradables, ser amables con nosotros mismos y contagiar a los demás. Disfrutar de cosas sencillas, para poder luego hacer mejores planes en grupo. En definitiva, hacer la vida agradable a los demás, no siendo infantiles, sino esforzándonos por poner en la balanza lo positivo que tenemos cada día y «focus on it», como dicen los guiris. Es posible que así lo malo no lo sea tanto.

¿Hacemos hygge?

Myriam de yosilose.com