Viaje en familia al mercadillo navideño de Nuremberg

Nuremberg

Para comenzar mi historia, me remonto a este verano cuando, charlando con unos amigos, me contaron que habían estado en Nuremberg. Esta ciudad alemana, la segunda más importante de la región de Baviera, era un destino que nunca había entrado en mis planes. Me contaron en detalle su viaje pero fue al final de la conversación cuando pronunciaron «la frase»: «Nuremberg tiene uno de los mejores mercadillos navideños de Europa»… Ese comentario inocente se asentó en mi cabeza. Aaaaaah! Yo, que soy más navideña que Rodolfo el Reno, tenía que ir!!!! Luces, bolas de cristal, vino caliente, villancicos…. No es que me haga falta mucho empujón para organizar una escapada en familia, pero si la excusa es un mercadillo navideño, el impulso es aún mayor.

Luego todo fue rodado. A Nuremberg hay vuelo directo con Ryanair (qué le vamos a hacer!) y conseguí muy buenos precios para el fin de semana de 1 de diciembre. Ese fin de semana es el de la inauguración del mercadillo navideño porque lo que todo era perfecto.

El hotel elegido fue el NH Collection Nuremberg City, un hotel muy correcto y bien ubicado en el que estuvimos a gusto (el poco rato que estuvimos en el hotel).

Desde el aeropuerto, que es moderno pero pequeño, se coge sencillamente el metro. Son 15 minutos y 3 euros al centro de la ciudad (parada Nürnberg Hauptbahnhof, o lo que es lo mismo, Estación Central de Nuremberg). Y desde ella, sólo 5 minutos caminando al hotel.

Nuremberg

Nuremberg es una ciudad con una historia muy larga. Fue capital del Sacro Imperio Romano Germánico por lo que los edificios más antiguos que puedes visitar datan del siglo XI. Fue una ciudad floreciente y cuna del famoso pintor Alberto Durero, personaje importante cuya casa se visita. Por último, Nuremberg ha formando parte de un capítulo negro de la historia moderna porque Hitler la eligió entre todas las ciudades alemanas para celebrar allí los congresos anuales del Tercer Reich y porque en ella tuvo lugar uno de los juicios más famosos de todos los tiempos.

De cada uno de estos capítulos hay algún lugar visitable pero no te asustes. En un fin de semana puedes abarcarlos. Desde mi experiencia os recomiendo las siguientes visitas (y os las cuento desde el hotel hacia el castillo que está en la otra punta de la ciudad):

Handwerkerhof.- Se trata de un Patio de Artesanos ubicado en un conjunto de casitas medievales que nos pareció alucinante. Las tiendas eran preciosas pero los edificios más. Está en la entrada de la calle principal, junto a la Estación Central y la Oficina de Turismo y abren a las 10 de la mañana. Nosotros lo visitamos nada más desayunar.

Königstraße es la calle que os conducirá al centro de la ciudad y está llena de tiendas y restaurantes.

Iglesia de San Lorenzo.- Aparece recorriendo la calle principal. Es curioso visitar las iglesias luteranas porque son más austeras que las católicas de la época pero sus vidrieras impresionantes. En esta, el rosetón de la fachada principal os va a impresionar.

Nuremberg

Puente del Museo.- la siguiente parada que debéis hacer si continuais la calle. Se trata de un puente precioso que fotografiar y que constituye una de las imágenes más típicas de Nuremberg. Junto a él, el Hospital del Espíritu Santo, un edificio precioso que sirvió como asilo de ancianos y que ahora os lo recomendamos por su restaurante típico.

Plaza del Mercado Central.- En ella se sitúa el mercadillo de Navidad. Es una plaza preciosa con una fuente en una esquina que llaman Fuente Bonita (y realmente lo es, aunque los puestos del mercadillo la tapan casi por completo) llena de colores y que data de finales del siglo XII. También en la plaza, la Iglesia de Nuestra Señora que también visitamos y que cuenta con un simpático reloj en el que cada mediodía, a las 12h, desfilan nobles por delante del emperador.

Nuremberg

En toda esta plaza y en las plazas circundantes, se sitúa el mercadillo de Navidad, el mercadillo de los niños, el dedicado a otros países… Y es que es un mercadillo navideño compuesto de muchos.

Rathaus o Ayuntamiento Antiguo.- En él se visita una antigua prisión con sus celdas siniestras y todo tipo de artilugios infames para tortura.

Iglesia de San Sebaldo.- Otra gran catedral similar a San Lorenzo en la que se guardan las reliquias del santo, patrono de la ciudad. Las vidrieras son maravillosas.

Castillo.- Ya llegamos a la otra punta de la ciudad y en este trayecto no hemos tardado nada. Es una de las edificaciones más antiguas, que data del Siglo XI y que está completamente reconstruido porque se destruyó, como casi toda la ciudad, a final de la Segunda Guerra Mundial. Del castillo os recomendamos la subida a la torre, desde la que veréis una panorámica preciosa de toda la ciudad, y el pozo de 50 metros en el que un lugareño os explicará (en alemán, o con suerte, en inglés), para qué valía y hará una alucinante demostración de lo que tarda el agua en llegar al fondo o el viaje de una vela hasta lo más profundo.

Y torcemos hacia la izquierda en el mapa…

La Casa de Durero.- Es un edificio reconstruido pero que guarda mucha parte de la historia. La audioguía es bastante entretenida y cuenta la vida de un pintor que fue «profeta en su tierra» a pesar de su corta vida.

Nuremberg

Weissgerbergasse o Callejón de los Curtidores.- Una calle de postal. En su día reunía a todo el gremio dedicado al cuero pero ahora son hoteles y restaurantes en casas de colores que no nos cansamos de mirar.

Museo del Juguete o Spielzeugmuseum.- ¿Sabes que en Nuremberg nacieron los clics de Playmobil? Pues la ciudad le dedica un museo a estos y a muchos más tipos de juguetes de todas las épocas en una visita bien entretenida para niños y mayores.

El Puente del Verdugo.- Otro puente de postal, hecho en madera y que se llama así porque al final de él vivía el verdugo en una casa apartado del resto de la gente. Para conseguir la foto bonita, tienes que irte al siguiente puente, Maxbrucke.

Y hasta aquí la ciudad medieval. La ciudad de la Segunda Guerra Mundial está más a las afueras. Dos puntos de interés para conocer sobre su historia son:

Campo Zepellin.- Enorme explanada que en su origen sirvió para aterrizar zepellines y que fue utilizada como «desfilodromo» durante el Tercer Reich. Unas gradas en estado de abandono nos muestran desde dónde los altos cargos nazis seguían los desfiles.

La sala de los Juicios de Nuremberg.- En el Palacio de Justicia se puede visitar. No es llamativa pero te acerca a ese capítulo de la historia.

Nosotros sólo visitamos la ciudad medieval. Al tener el mercadillo navideño en pleno apogeo, utilizamos gran parte del tiempo en ver puestecitos, comernos bocadillos de salchichas, beber un poco de vino caliente y disfrutar de los coros de villancicos. Comprar, compramos más bien poco porque los precios de los adornos navideños eran desorbitados. Pero hicimos fotos de todos y cada uno 😉

Nuremberg

De nuestra experiencia culinaria os recomendamos, por agradable y bien típico, el restaurante del Hospital del Espíritu Santo. Los camareros llevan trajes tradicionales, la cocina es auténtica y la decoración bien bonita con madera y ambiente cálido. Vemos importante reservar porque se pone a tope.

En resumen, os recomendamos la escapada. En Navidad la excusa es perfecta, pero durante el resto del año la ciudad es preciosa y perfectamente abarcable para un fin de semana.