
¿Conoces el método Montessori?
No es nuevo en el panorama educativo pues surgió a comienzos del siglo XX. Su creadora, María Montesori llegó a una conclusión revolucionaria para la época: muchas veces el problema no estaba en la capacidad del niño, sino en el modo en que se le enseñaba y en el ambiente que se le ofrecía.Desde entonces, es uno de los métodos educativos de más éxito y reconocimiento.
Hay una escena que se repite en cualquier aula Montessori y que sorprende a quien la ve por primera vez: un niño de tres años eligiendo, sin que nadie se lo indique, qué actividad quiere hacer a continuación. No hay timbre, no hay fila, no hay una voz adulta marcando el ritmo. Y sin embargo, hay un orden. Ese orden es, precisamente, la clave de todo el método: aprender a decidir, no solo a obedecer.
Durante décadas se ha discutido si los niños pequeños «están preparados» para tomar decisiones sobre su propio aprendizaje. La experiencia acumulada en las aulas Montessori sugiere que la pregunta está mal planteada: no es que estén preparados desde el principio, es que se preparan practicando. Cuando un niño elige entre varias actividades disponibles, se equivoca, vuelve a intentarlo y finalmente domina una tarea por sí mismo, no solo aprende ese contenido concreto. Aprende algo más difícil de enseñar de forma directa: que su esfuerzo tiene consecuencias, que puede confiar en su propio criterio y que equivocarse forma parte del proceso, no un fracaso que hay que evitar a toda costa. Ese es el primer pilar del método.
Esta autonomía temprana tiene un efecto que a menudo se subestima. Los niños que crecen tomando pequeñas decisiones en el día a día: qué material usar, cuánto tiempo dedicarle, cuándo pedir ayuda… y desarrollan una relación distinta con el fracaso. No lo viven como un castigo, sino como información y esa actitud, sostenida en el tiempo, resulta determinante años después, cuando llegan los exámenes, los proyectos complejos o las primeras frustraciones académicas serias. Un niño acostumbrado a gestionar su propio proceso no se paraliza ante la dificultad; la aborda como algo natural.
El segundo pilar, el bilingüismo nativo que es un pilar fundamental en un colegio Británico en Madrid que funciona con este método. No se trata de enseñar un segundo idioma como asignatura, con vocabulario y gramática explicados en la pizarra, sino de que ese idioma esté presente en el entorno desde una edad en la que el cerebro todavía procesa el lenguaje casi como una esponja que no distingue entre «idioma materno» e «idioma extranjero».
Los niños expuestos a dos lenguas en esta etapa terminan hablando ambas con naturalidad. Pero también, según distintos estudios en neurociencia del desarrollo, este bilinguismo fortalece funciones ejecutivas como la atención selectiva, la flexibilidad cognitiva y la capacidad de cambiar de un esquema mental a otro sin esfuerzo consciente. Son habilidades que, curiosamente, no se quedan encerradas en el terreno del lenguaje: se trasladan a las matemáticas, a la resolución de problemas y a la manera en que un niño aborda una tarea que exige varios pasos.Dos piezas que encajan perfectamente. Te empiezas a plantear este método para la educación de tus peques, ¿verdad?
Lo interesante es que estos dos elementos, autonomía y bilingüismo, no actúan por separado. Un aula donde el niño elige su actividad y, además, lo hace en un entorno donde conviven dos lenguas con naturalidad, multiplica las oportunidades de practicar justo aquello que sostiene el aprendizaje futuro: la capacidad de autorregularse y la flexibilidad mental para moverse entre sistemas distintos. Útil no, ¡utilísimo!
Nada de esto convierte a un niño en un genio precoz, y sería injusto presentarlo así. Pero lo que sí parece claro, a la luz de lo que muestran las aulas que llevan décadas aplicando este enfoque, es que las bases del éxito académico no se construyen únicamente con contenidos memorizados a tiempo, sino con la manera en que un niño aprende a relacionarse con el aprendizaje mismo. Y esa relación, como cualquier hábito profundo, se forja mucho antes de lo que solemos pensar.
Para aquellas familias que anden ahora a la búsqueda del primer centro educativo para sus hijos, que vivirán en un mundo en constante cambio, el método Montesori es para nosotras uno de los primeros a tener en cuenta.


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